
No es necesario tomarse todo un día o siquiera una tarde para llegar a la conclusión de que el hombre tal cual es, mas allá de ser una masa con huesos es un ser en constante movimiento, inquieto tanto física como mentalmente; podríamos incluso decir con algún cierto delirio romántico que hablar de “hombre” es hablar de un verbo; lo interesante de este “mono desnudo” como lo llama Desmond Morris en el libro que lleva este mismo titulo, es que a diferencia de las otras especies y especialmente de ese animal con el que aparentemente pudimos haber tenido un lazo mas estrecho que la simple semejanza física -el mono-, todas aquellas vivencias, exploraciones y comportamientos fueron moldeándolo de tal manera que, casi inconscientemente, el medio ha hecho de él un propio utensilio de trabajo, o en otras palabras, el usuario perfecto de un entorno en el que cada una de las piezas tienen una función específicamente definida por muy descabellada que pueda en algún momento llegar a parecer.
La adaptación es la clave, por eso se ha valido de objetos y formas que le brinda el medio para intervenirlos de tal manera que pueda hacer de él la extensión ideal de su cuerpo al realizar determinada accion; de ahi que el comercio tenga tanto éxito... El hombre tal cual, es el objeto de sí mismo, y a pesar de los muchos medios con los que se vale para comunicarse con el otro y crear casi una mascara de objetos que proyectan un ideal, un anhelo o hasta una carencia; detrás se sigue ocultando un individuo cuyo lenguaje corporal lo delata. Sin embargo, al fin y al cabo son los utensilios y entorno la carta de presentación antes que siquiera pronunciemos una palabra, no hay de qué preocuparse...o si?.
El hombre sigue siendo un mono desnudo; el mismo que marca su territorio personalizando cada uno de los artículos que posee, que advierte su terreno cercando el patio de su casa, que huye ante el ataque del superior agachando la cabeza mientras el guarda de tránsito le hace ver su falta, el mismo que lucha por su familia y que aunque tenga algo que lo destaca en demasía al animal común: la razón, el compañerismo y el amor; es también el único capaz de acabar con su propia especie y en muchos casos argumentando como razón estos mismos factores.
